Criptomonedas: la necesidad de cambiar el futuro

Es curioso, pero algunas de las invenciones que han puesto al mundo de cabeza se produjeron cuando nadie miraba. Por ejemplo, las criptomonedas.

Tan distraídos estábamos que nadie sabe al día de hoy si Nakamoto existe o existió alguna vez, duda incompatible con respecto a una iniciativa que supera, a 11 años de distancia, los 2.300 tipos de criptomonedas y los 300 mil millones de dólares de capitalización de mercado.

Estos números son la mejor demostración de que no se trata de una idea en fase experimental. El ámbito de las finanzas globales, pese a que tiende a ver al sistema con recelo, ha asumido gradualmente esta realidad. Según el portal de seguimiento ATM Radar, más de 6.300 cajeros de bitcoins y otras criptomonedas están activos al comienzo de 2020 a nivel mundial.

Día a día, el mercado de criptodivisas se ensancha como un universo en expansión tras aquel “big bang” auspiciado por el genio de nombre japonés. Pero, ¿en qué consiste básicamente esta tecnología?

En el principio fue el bitcoin. La necesidad de un sistema de seguridad invulnerable para las transacciones financieras ha evolucionado a medida que las tecnologías digitales, internet y la telefonía celular se fueron masificando.

La posibilidad del comercio e intercambio a distancia son un sueño conquistado a la llegada del tercer milenio, pero obligado a no dormirse en los laureles. El espionaje y la piratería informática nos recuerdan que la tecnología es una carta impresa también por el revés.

Forzado a idear el non plus ultra en los sistemas de seguridad, Nakamoto dio con el concepto “cadena de bloques” (en inglés, blockchain), una innovadora forma de prescindir del intermediario para la realización de operaciones de compra-venta. Mediante este sistema lo que se va “encadenando” son los diversos registros de transacción, para formar una base de datos distribuida entre una red de usuarios.

Esos registros cifrados son llamados “bloques” y su lugar dentro de la cadena es inmodificable sin alterar la serie. La posibilidad de burlar el mecanismo sería tan escandalosa como si, en el famoso proverbio, el elefante intentara huir atropelladamente con algo robado dentro de la cristalería.

La habilitación de esta modalidad informática suponía gran cantidad de posibilidades, pero sobre todas ellas privó la idea de una moneda para su uso en internet, una solución que se revelaba como la gran alternativa al sistema financiero mundial, el cual, como es sabido, mantiene a los ciudadanos rehenes de una superestructura cerrada e impenetrable.

Había nacido, pues, el concepto que nos liberaría de todos los yugos que en el mundo han sido en materia mercantil: el bitcoin. Y detrás de él, como era de suponer con la aplicación de una tecnología sin patentes, marchó un tropel de criptodivisas, asociadas a diferentes usos y funciones.

Minería digital: descender a las entrañas de internet. En el universo de las criptomonedas, la divisa se genera durante el proceso de liberación de los bloques que luego serán usados para alojar los registros de transacción. Es decir, como en una especie de juego de espejos, la moneda se genera a medida que va creando espacios para ser usada.

La validación de esos espacios o bloques es realizada por la red de usuarios, quienes, mediante el concurso de potentes dispositivos informáticos, compiten entre sí por resolver más rápido los algoritmos matemáticos que la operación requiere. Esto genera a su vez una recompensa que se materializa en la “emisión” de una porción de criptomoneda.

La metáfora más precisa que los especialistas encontraron para denominar esta labor fue la de “minería”, por asemejarse estas redes de usuarios a los equipos de obreros que se dedican a la extracción de riquezas del subsuelo.

En este caso la riqueza mana de una veta llamada blockchain y aunque es finita, condición indispensable para poder ser minada, florece con la creación de cada nueva criptomoneda. A partir de allí se despliega un imaginario que recrea caudales al alcance de quien esté dispuesto a ganarlos, por más que en la práctica –como en la vida real– se impongan quienes desarrollan mayor capacidad de explotación.

El minado de criptomonedas puede realizarse de manera personal, y a la sazón han surgido opciones cada vez más eficientes de realizarlo, como las llamadas “granjas”, configuradas en base al montaje de equipos sofisticados en serie, también llamados rigs.

En el cálculo de rentabilidad de esta actividad debe incluirse, aparte del valor de la moneda, los costos de hardware y electricidad, que vienen a incidir de manera directa en la efectividad del proceso. Actualmente, bitcoin, por ejemplo, resulta imposible de explotar de manera rentable para un minero doméstico.

Bailar sobre la tela de una araña. Otra particularidad generada con el desarrollo de las criptomonedas es la alta volatilidad de su valor. En el repaso del historial de bitcoin resultan extraordinarias las curvas de crecimiento y caída del activo. Por ejemplo, tras alcanzar en diciembre de 2017 un tope de $20.000, tuvo una depreciación al año siguiente de 400%, hecatombe que hizo reformular las tendencias de inversión en el sistema cripto.

Así como había movido previamente la ambición de inversores que vieron en él una oportunidad de oro, reactivó el prejuicio de los especialistas que siempre lo adversaron. El futuro del bitcoin, y con él las demás criptomonedas que hoy cohabitan bajo su sombra, se mantiene en entredicho en tanto su valor no llegue a estabilizarse del mismo modo que una moneda tradicional.

Trading: el juego especulativo. Cualidad afín al concepto de criptomoneda, su movilidad dio pie a la creación de plataformas digitales o exchanges, las cuales comenzaron con operaciones de compraventa entre tenedores de una misma divisa digital. Posteriormente, y a medida que fue creciendo el mercado, los portales se diversificaron hasta constituirse casas de cambio universales que acogieron gran cantidad de criptoactivos.

En ellas, un usuario, o trader, participa de una dinámica similar a la de la tradicional bolsa de valores, para comprar y vender con base en expectativas de bajada o subida de precios.

Desde un principio, este juego especulativo ha resultado una motivación para la adquisición de monedas digitales con el solo fin de transarlas periódicamente en el mercado. Particularmente, en épocas de alta volatilidad, el trading ha supuesto un instrumento para el desarrollo de ganancias entre los propietarios de criptomonedas y ha despertado la ambición por apostar de sus tenedores, que no pocas veces han terminado desbocándose.

Un caso emblemático fue el de Jeremías Narváez, un corredor de valores argentino que alcanzó inusitada fama tras ganar $40.000 en tres meses con una inversión de tan solo $150 invirtiendo en criptos como bitcoin, ethereum y neo.

Su canal en youtube (“Criptomanía.net”) alcanzó más de 160.000 suscriptores y pueden encontrarse allí diversos cursos y tutoriales sobre el tema. Uno de los contenidos en los que centró su atención fue justamente el trading, sobre el cual se aplicó a dar recomendaciones de inversión.

En noviembre de 2018, tras la baja del mercado de bitcoin a su mínimo valor en los últimos años, sus pronósticos cayeron en saco roto y Narváez desapareció sin dejar rastro.

El petro: un criptoactivo revolucionario. El caso de este criptoactivo, soportado también por el sistema blockchain, difiere del concepto hasta aquí manejado, por cuanto su garantía tiene carácter material y no virtual. Respaldado por las reservas de petróleo, gas, diamantes y oro de Venezuela, es también la primera moneda digital amparada por un gobierno a nivel mundial.

Su uso, por tanto, surge en un contexto que le otorga la función de impulsar la movilidad de la economía nacional, en circunstancias en las que su dependencia del dólar le hace vulnerable a la agresión externa. Pero al igual que la mayoría de las criptomonedas, la clave del éxito del petro se centra en su capacidad para generar confianza, lo cual incluye la forma en que su respaldo en recursos naturales habrá de hacerse eventualmente efectivo.

Fuente: http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/historias/criptomonedas-la-necesidad-de-cambiar-el-futuro/

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Blockchain y los criptokitties son la llave que abre el mundo virtual del futuro

Por: elblogsalmon.com

Blockchain es ya una tecnología ampliamente conocida, pero sobre todo publicitada. Todas las empresas dicen estar en Blockchainhoy en día, pero una parte importante de algunos directivos sólo lo afirma porque es la moda y porque no quieren quedar en evidencia declarando estar estar “fuera de la ola”.

Pero igual que con internet inventamos la rueda, que con la web 2.0 hicimos que la rueda fuese rodada por todos los ciudadanos, y ahora con Blockchain y los crypto-kitties vamos literalmente a reinventar esa rueda (si permiten esa licencia), pero haciendo un nuevo modelo de neumático mucho más fiable y resistente. Los criptokitties han sido una suerte de pseudo-juego virtual basado en Blockchain, pero que ha demostrado además tener profundas implicaciones socioeconómicas. Con esa nueva rueda fiable de Blockchain vamos a ser capaces de hacer cosas imposibles para internet hasta el momento.

Los critpo-gatitos han conseguido demostrar cómo se pueden crear objetos virtuales únicos, pero además, y aquí viene nuestra aportación más salmón, han demostrado cómo económicamente se puede crear valor con ellos en un mercado cripto-económico y virtual al 100%. Se crea un cripto-valor ahora ya también totalmente virtual, pero valor al fin y al cabo, y realmente el tipo de valor con más vocación de futuro actualmente.

Aquellos cyberpunks que nacieron en los albores de internet, y que fueron los primeros capaces de ver lo tremendamente disruptivo de la nueva herramienta de la humanidad, tal vez se sientan defraudados con los criptokitties. Aquellos activistas de los bits siempre vieron que internet iba a traer una revolución en muchos planos, incluído el económico. Algunos incluso quisieron ver, y hasta hoy de hecho así ha sido (al menos parcialmente) en varios modelos de negocio, que internet podría significar la abolición de la propiedad privada.

Los potentados del sistema actual, por otro lado, basan gran parte de su riqueza en la acaparación de activos (y pasivos ajenos) pivotando todo ello sobre la propiedad privada. Estos privilegiados económicamente del sistema actual, tampoco estarán tan contentos con el nuevo modelo que se avecina, puesto que lógicamente prefieren la estabilidad más absoluta, que les permita conservar su posición más que acomodada. La economía digital está removiendo los cimientos de las socioeconomías, y eso para los más beneficiados por el sistema actual supone un gran riesgo.

Así que ni para unos ni para otros. Los cripto-gatitos han revelado que no vamos a ver la abolición de la propiedad privada, pero a la vez vamos a ver el fin de la propiedad privada tal y como la conocemos. La cripto-economía no va a suponer una continuación de la propiedad privada actual. Es un transformación digital más de las muchas que estamos ya viendo, y alumbrará sin duda un nuevo tipo de propiedad privada.

Y por no hablar de las consecuencias aún más disruptivas que suponen que este nuevo tipo de propiedad privada abre literalmente la puerta a un nuevo universo virtual, tan socioeconómico como la realidad que va a contener. Ya analizamos para ustedes en el artículo “Las claves socioeconómicas sobre si Elon Musk lleva razón y vivimos en una simulación tipo Matrix” cómo podemos estar viviendo en una simulación económica.

Pues bien, ahora además, con los criptokitties, esa simulación ya sería económicamente viable y sostenible. Realmente con ello se ha abierto la puerta a que podamos crear esa paradoja teórica por la que, desde dentro de una simulación virtual como podríamos ser, creemos a su vez una nueva simulación virtual subconjunto de la anterior. Ahí es nada para pensar esta noche antes de dormir.

Estarán de acuerdo en que ahora sí que estamos viendo la nueva economía de verdad, y no, no la hemos elegido voluntariamente. Ésta ha sido hábilmente inoculada en nuestro sistema socioeconómico por ese enigmático Satoshi Nakamoto del que aún no sabemos apenas nada. Tal vez sea un replicante luchando por el sistema al estilo del agente Smith de The Matrix, o tal vez sea un amigo de Neo y Trinity luchando por liberarnos del yugo del mundo hierático de los últimos siglos. En todo caso, lo que está claro es que saberlo al final puede ser una simple cuestión de tiempo.