Las criptomonedas también chocan con la sostenibilidad del planeta

Uno de los aspectos más controvertidos en el ámbito las criptomonedas es el alto consumo de energía necesaria para su funcionamiento. De todas ellas, se estima que bitcóin es responsable de más de dos tercios del total. El consumo eléctrico derivado de «la minería» de bitcóin equivale al de Noruega y se debe a la enorme potencia computacional que requiere resolver un acertijo matemático (cuya complejidad va en aumento) por fuerza bruta: probando aleatoriamente combinaciones hasta encontrar la buscada antes que todos los demás «minadores» para conseguir una recompensa económica. Con el paso del tiempo se evidenciaron dos problemas que emanan de la propia concepción tecnológica subyacente a las criptomonedas: su escalabilidad y su sostenibilidad.

Para que una moneda digital creada adquiera un valor real, debe tener algo escaso por diseño. En el campo digital la escasez se traduce en que para «acuñar» dinero haya que resolver un rompecabezas numérico en un tiempo determinado, lo cual requiere un esfuerzo de procesamiento muy grande, y por lo tanto energía.El equivalente al oro son el tiempo de procesado y la electricidad.

Todo radica en la «prueba de trabajo» (PoW), algoritmo de consenso entre los participantes de esta red descentralizada. Gracias a él se validan las transacciones realizadas y se registran de forma segura e inmutable en la cadena de bloques sin usar intermediarios. De esto se encargan unos nodos especiales, denominados «mineros», que compiten por validar las transacciones y ser los primeros en grabarlas en un nuevo bloque para añadir a la cadena, obteniendo así una recompensa en criptomoneda. De este modo único se crean bitcoines, como recompensa al servicio de seguridad que dan a la red.

Los cálculos

Se puede estimar fácilmente el hashrate (unidad de medida de la potencia de procesado) total de la red, pero no ocurre lo mismo con las máquinas subyacentes y su respectivo uso de energía. Para el cálculo de un límite superior se aplica la teoría económica para mercados competitivos, asumiendo un comportamiento racional de los mineros. Según ella, ese valor sería el punto de equilibrio entre sus ingresos y los costes de electricidad, muy volátil puesto que sigue el precio de mercado de bitcoin. Estimaciones de la Universidad de Cambridge concluyen que el consumo eléctrico anual de la red de bitcoin es de 150 Twh (Teravatio hora).

Aparte, hay que tener en cuenta que los mineros se conectan o desconectan temporalmente para adaptarse a la demanda y a la rentabilidad. Si el precio de mercado de la criptomoneda se incrementa, atrae a un mayor número de mineros al juego, aumentando así la velocidad y la dificultad de la red. Otro aspecto clave para el análisis de la sostenibilidad es la procedencia de la energía que se utiliza. China concentra una buena parte de la «minería» de bitcoin, con el 65 % del hashrate mundial. Aunque el carbón sea la fuente principal de producción de energía eléctrica en el país, en determinadas provincias manda la generación hidroeléctrica, la que atrae importantes grupos de «criptominería». Pero lo importante no es cuánta energía utiliza bitcoin sino la utilidad obtenida a cambio. Si su utilidad fuera escasa, habría despilfarro. Sin embargo, millones de personas en el mundo creen en la utilidad actual y el potencial de futuro de la criptoeconomía y de la tecnología blockchain en general.

El equilibrio

Las reglas de esta nueva realidad financiera no son fáciles de entender y es necesario utilizar un recurso finito (energía) para dar la seguridad necesaria a la economía descentralizada. Con objeto de reducir el consumo de energía, surgieron alternativas al mecanismo de consenso PoW, algunas muy sólidas. Aparecieron algoritmos más eficientes, siendo el más destacado la Prueba de Participación o Proof-of-Stake (PoS), apuesta de la cadena de bloques de Ethereum (un sistema blockchain de código abierto descentralizado que incluye su propia criptomoneda). Se estima que, una vez que la red opere bajo PoS, el gasto eléctrico asociado al funcionamiento de blockchain podría reducirse aproximadamente en un 99,95 %. Por otro lado, recientemente se ha lanzado el Crypto Climate Accord (CCA), cuyo objetivo es conseguir que todas las cadenas de bloques del mundo funcionen en un cien por cien con energías renovables en el año 2025.

Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/mercados/2022/05/15/criptomonedas-sostenibilidad/0003_202205SM15P4991.htm

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