Un dolor de cabeza para todos los gobiernos: ¿qué hacer con las criptomonedas?

La creciente confianza en estas divisas virtuales presenta grandes desafíos para los estados que han perdido, por primera vez en siglos, el monopolio de la emisión de dinero.

Visa anunció el pasado lunes que se convertirá en la primera gran multinacional dedicada a las transferencias electrónicas en aceptar pagos y transacciones con criptomonedas. La medida es un nuevo e importante indicio de la creciente confianza en estas divisas virtuales por parte de las principales instituciones financieras mundiales, lo cual que presenta grandes desafíos para los gobiernos a lo largo y ancho del planeta.

Pero primero, ¿qué es una criptomoneda? Es, esencialmente, efectivo electrónico: un archivo almacenado en una billetera digital que tiene valor y, por lo tanto, puede usarse para comprar bienes y servicios de aquellos que lo acepten como pago. En lugar de pasar por un banco, las transacciones pasan a través del ‘blockchain’, una cadena de datos que registra todos los intercambios. Uno puede adquirir criptomonedas comprándolas con dinero tradicional en función de la demanda del mercado o ‘minarlas’: un método complejo que implica usar poder computacional para ayudar a la ‘blockchain’ a procesar y acelerar los pagos.

Ahora, volvamos a la política. Efectivamente, que uno de los dos principales sistemas de pago electrónico del mundo acepte divisas no emitidas por una autoridad central es un gran problema para los gobiernos, que a lo largo de la mayor parte de la historia han disfrutado del monopolio de la acuñación de dinero.

Para los estados y, especialmente para los banqueros centrales, el aparentemente imparable ascenso de las criptomonedas es un problema que va mucho más allá de que Elon Musk anuncie que pronto se podrá pagar un Tesla con Bitcoin, la criptodivisa más conocida del mundo.

La mayoría de los gobiernos temen que el uso generalizado de la moneda virtual socave su poder para controlar el suministro de dinero. Esto explica el fuerte rechazo del Congreso estadounidense al lanzamiento fallido de Facebook de su propia criptomoneda, Libra, hace menos de dos años. Si bien los dólares, euros, yuanes y otras monedas en papel no van a desaparecer de la noche a la mañana, las criptomonedas claramente están ganando popularidad, con un estimado de 106 millones de usuarios en todo el mundo. La pregunta es, entonces, ¿qué pueden hacer los gobiernos al respecto?

Por un lado, los estados tienen varias razones legítimas para querer prohibir o, al menos, regular las criptomonedas. Una es que, recientemente, el valor de algunas criptomonedas ha aumentado tanto y tan rápido que los expertos temen otra burbuja impulsada por la tecnología similar a la crisis de las punto-com de 2000, la cual provocó una leve recesión en Estados Unidos. Otra es que las criptomonedas facilitan transacciones anónimas e imposibles de rastrear, por lo que los delincuentes pueden usarlas para comprar y vender bienes y servicios ilegales, así como para estafar.

La ‘minería’ de criptomonedas también tiene efectos perjudiciales para el medio ambiente. La actividad requiere de tanta energía —y está ahora tan extendida— que actualmente consume alrededor de 121,36 teravatios-hora al año, más que todo el país de Argentina.

Dado que gran parte de la minería se lleva a cabo en países de bajos ingresos que obtienen electricidad barata de combustibles fósiles, puede ser tan dañina para el ecosistema como la minería tradicional. Gran parte de las criptomonedas extraídas en países pobres con escasas leyes para la protección ambiental termina en las billeteras de compradores en naciones ricas con supuestos objetivos ecológicos.

Por otra parte, algunos gobiernos se están preparando para las criptomonedas… siempre y cuando puedan controlarlas.

Un buen ejemplo es China, que lleva años intentando lanzar su yuan digital para competir con el dólar estadounidense, el papel moneda dominante en el mundo. Los bancos centrales chinos buscan emitir sus propias monedas digitales soberanas basándose en el modelo actual de criptomonedas y utilizando su misma tecnología, pero haciendo que el estado dirija la ‘minería’ para que pueda rastrear cada transacción.

Esta idea atrae tanto a las naciones democráticas —para garantizar el cumplimiento tributario— como a las autoritarias —con fines de vigilancia—. Las criptomonedas también son una buena herramienta para que un pequeño grupo de países eluda las sanciones internacionales impuestas por la UE y por Estados Unidos. Rusia y Venezuela han lanzado sus propias divisas digitales con ese objetivo en mente y se rumorea que Irán está construyendo un ejército de ‘mineros’ controlados por el estado para permitir que las empresas locales realicen pagos eludiendo la plataforma SWIFT con sede en Estados Unidos (y de la que dependen hasta los delincuentes que buscan lavar dinero). En conclusión, si bien la criptomoneda no reemplazará al dinero tradicional a corto plazo, o incluso nunca, su mayor aceptación presenta desafíos masivos que los gobiernos ya no pueden obviar.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-04-01/un-dolor-de-cabeza-para-todos-los-gobiernos-que-hacer-con-las-criptomonedas_3014576/

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