Criptomonedas, ¿una herramienta para delincuentes?

2017 ha sido un año único en cuanto a criptomonedas. Tanto la tecnología como el valor de las criptodivisas han marcado un hito en la Historia. Y, a la vez, el auge de estos medios digitales de intercambio está planteando serios quebraderos de cabeza en materia de seguridad. ¿Son las criptomonedas, principalmente, una herramienta para los cibercriminales?

¿Qué son las criptomonedas?

La aparición de las primeras criptomonedas está asociada a la necesidad de crear transacciones anónimas. Aunque el concepto de moneda digital descentralizada apareció en 1998, no fue hasta 2009 cuando se creó la primera de ellas: el bitcoin. Actualmente existen más de 1.300 criptomonedas diferentes, con orígenes y características diversas, pero todas coinciden en su naturaleza digital y en la intención de asegurar el anonimato de las transacciones.

En los sistemas de criptomonedas se garantiza la seguridad, la integridad y equilibrio de su contabilidad; es por ello que se emplean como divisa para el intercambio de bienes y servicios. También se puede comerciar con divisas, incluyendo otras criptomonedas. Algunas de estas monedas digitales solo sirven para comprar ciertos tipos de bienes u otras criptodivisas, mientras que las más conocidas, como los bitcoin, ethereum o litcoin se pueden usar como dinero al uso.

Una de las cuestiones que más dudas provocan sobre las criptomonedas es la posibilidad que tienen de “minarlas”, lo que se conoce como minería de criptomonedas. Muchas de estas divisas digitales pueden ser obtenidas resolviendo operaciones matemáticas, como si de cualquier otro tipo de computación se tratase, de manera que se pueden obtener a cambio del “gasto energético” que supone realizar dicha operación. Actualmente, la legalidad del uso de criptomonedas es un tema candente, ya que existen países donde se discute su prohibición, mientras en otros el valor de estas divisas permanece en un limbo alegal.

Blockchain y seguridad digital

Por su naturaleza, existe una genuina preocupación referente a la seguridad de las criptodivisas. Al fin y al cabo, su base digital, ¿no podría ser objeto del cibercrimen? ¿no existe la posibilidad de hackear criptomonedas y generarlas de la nada? En realidad, como explicábamos, las criptomonedas son por lo general muy seguras. Aunque romper la seguridad existente en una criptomoneda es matemáticamente posible, el coste de hacerlo es inasumiblemente alto.

Hace falta más potencia computacional de la que se puede disponer en una gran empresa tecnológica. Esto se debe en gran parte a la tecnología basada en blockchain. Esta consiste en una base de datos distribuida, y formada por cadenas de bloques diseñadas para evitar su modificación una vez que un dato ha sido publicado. Para ello se usa un sellado de tiempo confiable, también conocido como trusted timestamping, enlazándolo a un bloque anterior.

La tecnología blockchain permite almacenar datos ordenados en el tiempo, sin posibilidad de modificación posterior. Su utilidad en la minería de criptomonedas es extrema. Tanto es así, que sin esta tecnología las divisas digitales de este tipo no existirían o serían muy distintas. El blockchain es la piedra angular de su inviolabilidad, así como de su naturaleza anónima.

¿Una herramienta para ciberdelincuentes?

Pero dicha inviolabilidad puede resultar un arma de doble filo. Y es que el anonimato podría ser la característica más interesante para los cibercriminales. Al fin y al cabo, una moneda digital y que asegura la transparencia y sencillez en la transacción parece la herramienta idónea para pagar los servicios ilegales de un hacker.

Actualmente, la práctica totalidad de los ataques de ransomware solicitan el rescate de los datos en bitcoins u otra criptomoneda. Pero no es el único modo de actuar de los cibercriminales. Tal y como se describe en el “Informe Anual PandaLabs 2017“, las infecciones en los equipos dedicados a la minería serán cada vez más frecuentes.

Uno de los ataques más novedosos, y que probablemente sea cada vez más común, consiste en infectar el navegador para que los usuarios de la página actúen como mineros de criptomonedas. Mucho más complejo, aunque también posible, es el robo o la pérdida de carteras de usuarios, lo que hemos visto recientemente con un bloqueo de varios cientos de millones de dólares almacenados en “ether”, la moneda de ethereum.

A pesar de que su uso probablemente siempre esté ligado, por desgracia, al mundo del cibercrimen, esto es solo una consecuencia involuntaria. Las criptodivisas siguen mostrando un gran potencial práctico, a pesar de su extrema volatilidad. Cada vez son más empresas y países los que usan monedas digitales para intercambiar servicios o influir en la economía de una manera segura. Pero la seguridad, a veces, puede manifestarse de maneras inusuales y contrarias a las premisas de las que parte. Algo que puede tener consecuencias catastróficas para la integridad de una empresa si no está bien preparada.

Fuente: pandasecurity.com

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